Las emociones se podrían definir como una reacción breve e intensa asociada determinados estímulos, dependen directamente del estímulo que las provoca. Un ejemplo de emoción podría ser el miedo. En la mayoría de las ocasiones es el pensamiento y la interpretación que hagamos de lo que nos acontece lo que determina que nuestras emociones sean positivas o negativas.
Podemos hablar de emociones positivas y emociones negativas.
Entre las emociones negativas destacan la tristeza, la hostilidad, la ira, el asco, la ansiedad, el miedo, etc. y entre las emociones positivas están la alegría, la ilusión, el humor, el gozo, la ternura...
Los sentimientos son más estables y duraderos que las emociones, son más fáciles de controlar y puede provocar actitudes más racionales. Un ejemplo sería el amor. Los sentimientos no dependen de estímulos externos y son capaces de mantenerse por sí mismos.
Si las emociones irrumpen descontroladamente en nuestra vida, dirigen nuestro comportamiento, y a veces, sentimos que nos impiden pensar con claridad. Este es el momento de detenernos y tratar de descubrir lo que nos quieren decir. Las emociones contienen información valiosa sobre nuestras necesidades y deseos, útil para tomar decisiones acertadas y actuar de forma eficaz.
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